ORAR
Otra forma de oración
La oración-alabanza y de gratitud es otra forma de oración que debiera predominar sobre la oración-petición.
Esa es la forma que yo he adoptado hace ya muchos años y que comento con mi mujer, con mis hijos y mis amigos. Se trata de orar ante la Creación, que Dios pone ante nuestros ojos, ver y admirar sus maravillas en las rocas, en las plantas, los animales y en el mismo ser humano. Se trata de escuchar su voz, la voz que nos habla de su Creador. Se trata de darle gracias, porque nos permite conocerlas. Son muchas las religiones que tuvieron y tienen esta forma de oración.
ORAR sí, pero mejor con otras formas. Orar es una necesidad humana. Dios no necesita que oremos. Orar es bueno. Es una forma de reconocer nuestras limitaciones y de buscar un sentido trascendente a nuestras vidas. Los templos y demás lugares sagrados no son imprescindibles. Él esta con nosotros dentro y fuera de nuestras propias casas. la palabras de sus criaturas nos hablan por todas partes. Sólo necesitamos aislarnos de tanto ruido a nuestro alrededor y prestarles un poco de atención.
Actualmente, con el ensanchamiento de nuestro conocimiento sobre las últimas partículas de la materia y sobre nuevas galaxias y nuevos fenómenos impresionantes de su inmenso Universo tenemos nuevas razones para admirar sus obras y darle gracias por permitirnos conocerlas. Tenemos muchas cosas de qué hablar con Él.
No se trata de pedirle esto o aquello, y mucho menos de pedirle milagros, que violan las leyes que Él ha puesto en su Creación. En nuestra querida Iglesia Católica encontramos miles y miles de oraciones y ritos de todo tipo pidiendo más y más cosas. Pedimos que cure nuestras enfermedades, que proteja nuestros seres queridos y nuestros bienes, pedimos que nos ayude a ganar nuestras guerras contra otros, que pedirán lo mismo, pedimos aprobar los exámenes académicos, ganar el partido de futbol, tener un buen viaje sin accidentes… Cuando hay sequía, hacemos (o se hacían no hace mucho tiempo) solemnes procesiones pidiendo la lluvia, con interminables letanías invocando a todos los santos, etc. También se hacen cuando llueve demasiado o hay inundaciones. Se celebran misas con infinidad de intenciones a petición de los fieles.
Todo el rito de la Santa Misa es un conjunto de oraciones y gestos pidiendo. Pedimos también ayuda sobrenatural para expulsar a los demonios en los exorcismos oficiales. Exigimos algún milagro para declarar a alguien como santo. Y se pide acudiendo a Jesucristo como mediador, para que ejerza su presión sobre el Padre Dios. Por eso, las raciones suelen terminar diciendo que todo lo pedido se conceda por Jesucristo, nuestro Señor. La señal de la cruz, que se hace con tanta frecuencia, es sencillamente una forma de pedir algo. El uso del agua bendita para todo tipo de bendiciones es otra forma de pedir.
Sin embargo, Jesús de Nazarez dejó bien claro que el Padre Dios no necesita que le pidamos cosas. Que él bien sabe todo lo que necesitamos. Que no todo aquél que dice “Señor, Señor…” es el más preferido por Él. Los “comesantos” no parecen ser de su devoción.
Pues bien, la educación religiosa de Nuestra Iglesia Católica se centra en gran medida en que tenemos que orar más y más, para pedir a Dios lo que necesitamos con la confianza de que nos lo concederá, “si nos conviene”.
Una muestra muy reveladora de esta forma de orar a Dios es el caso reciente de la enfermedad del papa Francisco. La Plaza del Vaticano se abarrotó de gente pidiendo su curación. Se rezó el Rosario mientras estuvo más grave pidiendo su salud. Se rezó de una forma tan cansina que resultaba difícil de soportar, y más en estos tiempos en los que todo corre tan de prisa.
Sin embargo, la oración que pide a Dios cosas y más cosas no pertenece a la esencia del cristianismo. Es un tipo de oración que se da en casi todas las religiones. Cuando leí la forma de orar de los esquimales sentí con gozo cierta identificación con ella por su sencillez, por su autenticidad, por su generosidad en aceptar gozosamente todos los fenómenos de la naturaleza, aunque, a veces, nos sean perjudiciales.
La oración-petición puede estar contaminada de egoísmo sobre todo cuando se centra en pedir bienes para uno mismo. La oración-alabanza se centra en Dios mismo, admirando y agradeciendo las maravillas de su creación y los muchos bienes que nos concede, empezando por nuestra existencia misma. Su característica es la generosidad y el agradecimiento para con el Creador.
Los ritos religioso están llenos de oraciones-petición, que se sobreponen a las oraciones de alabanza. La Misa católica, por ejemplo, está impregnada de oraciones-petición. El hecho de que se le dé un sentido redentor ya marca lo más esencial de esas oraciones. El mismo concepto de redención ya conlleva el sentido de la oración-petición.
Aquí sostengo, que orar no es bueno para Dios, sino para el hombre. Dios los crea y ya se preocupa de sus necesidades más que el hombre mismo. No necesita que le pidan que Él las satisfaga. Ya concede al hombre la capacidad para que él m mismo lo consiga. Contra todo parecer religioso, creo que a Dios no le gusta que le pidan milagros, petición que puede estar cargado de egoísmo. Si no podemos resolver por nosotros mismo nuestras necesidades y problemas, tendremos que aceptar nuestras limitaciones. El no es un curandero ni un médico milagroso ni un guerrero, etc.