EL ÁRBOL SAGRADO
La sabiduría en los Árboles Sagrados
El importante valor antropológico que contienen
Los árboles sagrados son como banderas cargadas de sentimiento religioso. Tienen una gran fuerza simbólica. Muchos de ellos recogen toda una visión del mundo del pueblo que los venera. Son otra forma del mito del Centro, que desarrollo en otro artículo.
Suelen estar ligados a los mitos de los orígenes de cada pueblo .
La frecuencia de este símbolo en la historia de las distintas culturas y religiones es una demostración de cómo el árbol es una parte fundamental de la vida humana en la Tierra. De él se aprovecha todo: desde las raíces hasta las ramas. Su madera se emplea para el fuego y la construcción de toda clase de viviendas. Se aprovecha el fruto, las ramas y las hojas para múltiples fines. Se disfruta de su sombra cuando arrecia el calor del Sol.
La industria maderera siempre fue básica en la economía de la gran mayoría de los pueblos.
Sin el árbol la vida humana en la Tierra sería muy distinta. No es de extrañar que el hombre lo convierta en un símbolo para expresar su visión, en cada caso, de la realidad en su conjunto. Las partes del árbol: raíces, tronco y ramas, se prestan para expresar los tres niveles que desde las sociedades más antiguas se tenía de la realidad como un todo. No obstante, no todos tienen ese simbolismo tridimensional.
Cada pueblo convierte su árbol sagrado en un eje cósmico en torno al cual gira todo cuanto existe. Es un elemento fundamental en su relación con la Divinidad.
Aquí recogeré sólo algunos de los muchos árboles sagrados que existen, casi tantos, si no tantos, como culturas y religiones crea.
En la gran mayoría de estos árboles sagrados se quieren reflejar dos mundos desconocidos: el de abajo, el inframundo que se imagina en el centro de la Tierra; el de arriba, el supramundo o cielo, que se imagina como un Más Allá del mundo en el que vivimos. En medio de los dos está la superficie de la Tierra, en la que vive el ser humano, que tiene muchos problemas cuyas respuestas busca en esos dos mundos que se imagina.
Va del mundo en el que vive a los dos mundos que imagina y en los que cree. El modelo de lo que debe ser su vida en la Tierra está en el supramundo, donde habitan los dioses y a donde espera ir y ser plenamente feliz después de su vida terrena.
Entre los distintos árboles sagrados destaca el Árbol de la Vida y su simbología Universal. Es, sin duda, uno de los símbolos más antiguos, ricos y universales de la historia de la humanidad. Lo encontramos en mitologías geográficamente muy distantes, en religiones variadas, así como en sistemas mitológicos, filosóficos y religiosos. Su presencia transversal no es casual: responde a una necesidad fundamental de representar el ciclo de la vida, la conexión entre los mundos y el equilibrio de las fuerzas naturales.
Antes incluso de ser un símbolo religioso o esotérico, el Árbol de la Vida es lo que Carl Jung llamaba un arquetipo universal. Encierra principios fundamentales que encontramos en la psicología humana:
El crecimiento: va de la semilla al árbol maduro, simboliza el desarrollo del ser humano.
El arraigo: sus raíces inmersas en la tierra evocan nuestro origen, nuestro vínculo con el pasado, la familia y la memoria colectiva.
La elevación: sus ramas que se alzan hacia el cielo representan la aspiración al conocimiento, la espiritualidad y la trascendencia.
La resiliencia: atraviesa las estaciones, las tormentas, los ciclos, manteniéndose en pie, como alegoría de nuestro propio recorrido.
En otras palabras, el Árbol de la Vida es una metáfora viva de nuestra condición humana: arraigados en lo real, expuestos a los avatares de la existencia, pero siempre orientados hacia la luz y el crecimiento.
Aquí presentaré, repito, algunos de esos árboles sagrados como ejemplos de la importancia del árbol en la vida humana tanto de orden material como espiritual.
EL BAOBAB AFRICANO

Este árbol africano posee características que lo hacen especial y digno de admiración. Destaca por su longevidad que puede alcanzar hasta los dos mil años. No obstante, es difícil calcular su edad, porque no tiene anillos de crecimiento.
Tiene una capacidad extraordinaria para almacenar agua, entre 12.ooo y 100.000 litros, dependiendo del tamaño y la especie. Puede alcanzar los 2o metros de altura y los 12 metros de diámetro. Un verdadero gigante.
Cada uno de estos árboles constituye un microclima en el que viven otros muchos seres vivos: pájaros, rapaces, lechuzas, pinzones o tejedores-búfalo de pico rojo, roedores como el galago, culebras, monos, escorpiones e insectos. Incluso los elefantes rompen su tronco para beber su agua y alimentarse de su corteza.
Se reproduce mediante su semilla. Su flor es muy efímera. Sólo dura entre 12 y 24 horas. Cada fruto es como un bolsón que contiene muchas semillas. Su nombre es de origen árabe y significa “árbol de muchas semillas”
Se da principalmente en los países del Sur del Sahara como Senegal, Gabón, República Centroafricana, Zaire, Nigeria, Mali, Ghana, Togo, Congo, Sudán, Eritrea, Kenia, Tanzania, Mozambique, Angola y Madagascar, donde se encuentra en su hábitat natural.
Su existencia fuera de áfrica se debe a los antiguos comerciantes y navegantes, principalmente portugueses, franceses y árabes, que exportaban las semillas.
Por su apariencia da la impresión de que sus ramas son sus raíces y se supone, entonces, que sus ramas verdaderas están bajo tierra. Esta imagen es sorprendentemente similar a la del Árbol Baniano del hinduismo. Por eso se dice que es el “árbol plantado al revés”.
Debido a su imponente y extraña figura, por su resistencia a las sequías, su longevidad y sus aportaciones al alimento de animales y personas, y sus propiedades medicinales, se le ha divinizado y atribuido poderes sobrenaturales.
En torno a él se celebran ceremonias, rituales y reuniones sagradas en las que se toman importantes decisiones para la vida de la comunidad.
Muchas culturas africanas ancestrales lo consideran como un árbol sagrado, que contiene fuerzas mágicas. Algunas tradiciones lo llaman “Árbol Mágico” o “Árbol de la Vida”. Para ellas, un árbol sagrado al que sólo los “sabios” pueden trepar para recoger sus frutos. También es considerado como un enlace que comunica las tres dimensiones del cosmos: el inframundo, la vida sobre la Tierra y el Cielo.
Se puede decir que en él se resume toda una “visión global del mundo” (Weltanschauung), visión que se describe en una gran variedad de mitos y leyendas.
Como los demás árboles sagrados el Baobab es mucho más que un simple árbol. Su contenido espiritual es de vital importancia para aquellos pueblos que ven en él toda una cosmovisión, que dirige sus vidas.
EL ÁRBOL DE GUERNICA

Es un emblema del país vasco. Algo así como una palabra preñada de significado. Quiere simbolizar la historia, el bagaje sentimental patriótico y el fuero de las libertades tradicionales de este pueblo, que se remontan a la Edad Media.
Tiene un cráter sagrado. Atentar contra él es como atentar contra todo lo que significa “lo vasco”.
Ante él se celebra la toma de posesión del Lendakari. Existe el Trofeo Árbol de Guernica para deportes tradicionales entre vascos.
representa la cultura vasca y también su lucha contra fuerzas extrajeras, como las de Franco en la Guerra Civil. El Guernica de Picasso, con figuras cuyos gestos reflejan el horror de la guerra, fue pintado por Picasso en blanco y negro, para significar “oscuridad y brutalidad” en el conflicto bélico.
EL ÁRBOL BANIANO HINDÚ

Hay que situarlo en el universo de los árboles sagrados y cargados de simbolismo. Se trata de un árbol invertido, con las raíces hacia arriba y las ramas hacia abajo. Este símbolo es muy corriente en las tradiciones orientales y también se da en la tradición esotérica hebraica: “El Árbol de la Vida se extiende desde lo alto hacia abajo, y el sol lo ilumina enteramente”. El islám afirma algo parecido del Árbol de la Felicidad.
Dante describe su paraíso como un inmenso árbol, con distintos niveles en su copa, que simbolizan distintos cielos, cada uno de los cuales lleva el nombre de un astro del sistema solar. Hablando del sexto cielo, el de Júpiter, dice: “En esta quinta rama del árbol, que recibe la vida por la copa (subrayo), y fructifica siempre y nunca pierde sus hojas, …”.
Textos del Bhagavadgîtâ.
(1er texto: 15, 1)
«La Suprema Personalidad de Dios dijo: Se dice que hay un árbol baniano (asvatthan) imperecedero, que tiene sus raíces hacia arriba y sus ramas hacia abajo, y cuyas hojas son los himnos védicos. Aquél que conoce ese árbol es el conocedor de los Vedas».
Comentario siguiendo a Swami :
Ese árbol sagrado simboliza el enredo del mundo material. Quien centra su vida en las actividades fruitivas, en el disfrute de este mundo sensible, ese árbol no tiene fin. Se pasa la vida vagando de rama en rama (reencarnándose una y otra vez) sin ver la posibilidad de deshacerse de su enredo. Tampoco es capaz de saber dónde están las verdaderas raíces de ese árbol. Las buscará hacia abajo, cuando en realidad están hacia arriba.
Las raíces hacia arriba indican el verdadero origen de todo el mundo material simbolizado en el árbol: crecen hacia arriba, hacia Brahma, origen de todas las cosas.
Sólo el que sea capaz de entender ese «indestructible árbol de la ilusión» podrá liberarse de él. Hay muchos caminos para liberarse. El conocimiento de los Vedas constituye uno de ellos. Pero conocer los Vedas no es imprescindible, porque su mismo objetivo, liberarle a uno de ese enredo material, se puede alcanzar de forma más directa y sencilla por el «camino devocional» (bhakti–yoga), que está al alcance de todos.
Las ramas simbolizan las distintas formas de existencia en este mundo material, los frutos son las acciones fruitivas, es decir, los efectos de las acciones buenas y malas en las que uno pone toda su atención. Entre esos efectos están la religión, la economía, la complacencia de los sentidos y la liberación misma, dice Swami.
Swami continúa la explicación del símbolo aludiendo al reflejo invertido de un árbol que se refleja en el agua de un estanque. Y añade:” El árbol de este mundo material sólo es un reflejo del árbol verdadero del mundo espiritual». El deseo es el culpable de que muchos confundan el árbol reflejado y crean que es el árbol verdadero. La manera de romper esa ceguera es el «estudio analítico». Yo diría que es la Filosofía.
Añade Swami:
«Ese árbol, siendo el reflejo del árbol verdadero, es una réplica exacta de él. Todo existe en el mundo espiritual«.
Por eso, si Brahman es el origen-centro de todas las manifestaciones o formas concretas de existencia, entonces este mundo material abarca un abanico de manifestaciones de 180 grados (el árbol que crece hacia abajo) y el mundo espiritual abarca el otro abanico de 180 grados. El conjunto de la realidad es como una esfera, dividida en dos partes iguales: la de arriba y la de abajo.
Una vez más, la esfericidad y la circularidad aparecen en la esencia misma del pensamiento hindú. Pero, la parte inferior, la del árbol reflejado, es una realidad desvirtuada y temporal: el reflejo va y viene, aparece y desaparece, mientras el árbol real, el espiritual, permanece, es eterno.
Swami concluye su comentario a este texto diciendo que ese árbol baniano o árbol reflejado debe ser cortado para poder liberarse del enredo de su ramaje y ascender a la dimensión espiritual del mismo.
Este simbolismo me recuerda toda la teoría platónica de las Ideas. Para Platón, el mundo material es sólo un reflejo o imagen del mundo de las Ideas. Cabe pensar que Platón conocía este simbolismo del árbol baniano, que ya aparece en el Rig-Veda.
Si tenemos en cuenta que el simbolismo platónico del auriga y los caballos ya está en los Upanishads, no parece demasiado arriesgado pensar que Platón conocía estas Escrituras Sagradas del hinduismo o al menos sus contenidos y que se inspiró en ellos para desarrollar lo más esencial de su filosofía.
Es más, Platón señala como camino de liberación del engaño de los sentidos el de la ciencia o epistéme, que tiene su máxima expresión en la filosofía. Swami, como acabamos de ver, señala el estudio analítico como un camino eficaz para deshacerse del enredo del árbol baniano, es decir, para superar la ignorancia que nos hace creer que ese árbol-reflejo es el verdadero árbol.
Platón describe ese camino de liberación de la ignorancia en su Mito de la Caverna.
(2º texto: BG, 15,2)
«Las ramas de ese árbol se extienden hacia abajo y hacia arriba, alimentadas por las tres modalidades de la naturaleza material. Las ramitas son los objetos de los sentidos. Ese árbol también tiene raíces hacia abajo, y éstas están vinculadas con las acciones fruitivas de la sociedad humana«.
Este texto se amplía la figura del árbol baniano. Ya no se trata sólo de un árbol invertido, sino de un árbol con dos dimensiones: la sensible y la espiritual. A partir de un centro o línea horizontal, donde se sitúan las raíces, crece en dos direcciones: hacia arriba y hacia abajo.
En el texto 15,1 las hojas simbolizan los himnos védicos; en éste (el 15, 2) las ramitas simbolizan los objetos de los sentidos. Todas las ramas, las que se extienden hacia arriba y las que lo hacen hacia abajo, se alimentan de las tres modalidades de la naturaleza material. Esas modalidades se describen con detalle en el Capítulo 14 y son: la bondad, las acciones fruitivas y la ignorancia.
Por otra parte, el árbol invertido tiene distintos niveles. En los más elevados, los más próximos a las raíces, existen las formas superiores de entidades vivientes: semidioses, Gandharvas, etc. En las que se alejan más de las raíces se sitúan los humanos, y toda clase de animales, y otros seres vivientes más bajos.
Ahora aparece un nuevo detalle: hay también raíces que crecen hacia abajo. Simbolizan el enraizamiento que algunas personas van adquiriendo en este mundo sensible por su cada vez mayor apego a él. Apego a los efectos de sus propias acciones, buenas y malas.
El comentario que hace Swami a este texto termina aludiendo al hecho de la reencarnación, como una de las grandes ideas que van ligadas al simbolismo del árbol baniano:
“Después de que uno disfruta de los resultados de las actividades virtuosas en los sistemas planetarios superiores, desciende a esta Tierra y renueva su karma, o las actividades fruitivas para el ascenso”.
Es decir, tras la muerte, uno pasa de la parte inferior (invertida) del árbol a la parte superior y allí disfruta de los resultados de sus actividades virtuosas. Cuando termina el disfrute merecido por ellas, el alma desciende de nuevo al árbol invertido o mundo sensible, de acuerdo con su karma, para reiniciar de nuevo el proceso de ascenso.
Ascenso-descenso entre las dos dimensiones (la de arriba y la de abajo, la espiritual y la sensible) del mundo creado, es una estructura básica del pensamiento hindú y de su visión del Gran Tiempo, cósmico y humano. Una visión circular y cíclica. La circularidad y la repetibilidad de las existencias constituyen una especie de cadena que ata y esclaviza. Liberarse de ella es la gran aspiración y la gran esperanza utópica de todo ese mundo cultural, que llamamos hinduismo.
(3º Texto: BG. 15, 3-4)
«La verdadera forma de ese árbol no se puede percibir en este mundo. Nadie puede entender dónde termina, dónde comienza, ni dónde está su base. Pero, de un modo decidido, uno debe cortar con el arma del desapego ese árbol fuertemente enraizado.
Después, uno debe buscar aquel lugar del cual, una vez que se ha ido a él, nunca se regresa, y entregarse ahí a esa Suprema Personalidad de Dios a partir de quien todo comenzó y todo se ha extendido desde tiempo inmemorial”.
Aquí se destaca el carácter misterioso del árbol baniano. Sus verdaderas dimensiones no se pueden percibir en esta vida. No podemos saber dónde comienza, dónde termina ni dónde está su base. Sus verdaderas dimensiones superan la capacidad de conocimiento que el hombre tiene en la Tierra.
En este texto sólo se habla de la dimensión sensible del árbol; la que crece hacia abajo. Cuando uno está enredado en sus ramas no es capaz de percibir dónde tiene sus verdaderas raíces ni hasta dónde llegan las ramas. Para saberlo hay que salirse de ese enredo. Para salirse, el camino más corto y eficaz es cortar el árbol “con el arma del desapego”.
Cortar ese árbol constituye la dimensión negativa del proceso de liberación. Es un proceso de renuncia o despego del mundo de los sentidos, de sus placeres y ataduras. Ese proceso tiene también una meta a alcanzar o dimensión positiva: la de llegar a aquel lugar del que nunca se retorna y que corta para siempre el proceso cíclico de la reencarnación. Se trata de la vida definitiva feliz en el Más Allá.
Ese lugar se alcanza cambiando el apego al mundo sensible por el apego incondicional a la Suprema Personalidad de Dios. Es lo que en la Teología católica se llama “Visión Beatífica de Dios en el Cielo”
En ese lugar o estado se podrá conocer el verdadero origen del árbol baniano, sus dimensiones y sus límites: La Suprema Personalidad de Dios, Krisna, es la raíz original de quien ha emanado todo.
Swami recuerda en su comentario a este texto la necesidad de servirse de un maestro para desarrollar aquel conocimiento liberador en el que se descubre la verdadera naturaleza del árbol, es decir, de toda la creación. También recuerda Swami que la entrega total a Dios libera de todas las ataduras del mundo sensible, que son la causa del proceso reencarnatorio y de la existencia cíclica del alma.
El tiempo cíclico como Gran Tiempo Humano es en realidad un tiempo de esclavitud, disfrutes limitados, de ignorancia y de sufrimiento. La suprema aspiración del hindú es liberarse de ese tiempo y entrar en un tiempo lineal sin retorno en el seno de la Eternidad de Dios. Para el hinduismo, el tiempo lineal es la utopía, el objetivo escatológico a alcanzar. Un tiempo lineal, pero no histórico.
Por el contrario, para el pensamiento occidental, el tiempo lineal ya es el tiempo en el que vivimos la historia de este mundo. Es un tiempo histórico y, además, será también un tiempo escatológico: continúa sin fin tras la muerte, pero dejando ya de ser histórico y progresivo.
EL ÁRBOL REAL BANIANO HINDÚ

En resumen, el árbol de Banyan en el hinduismo es mucho más que una simple planta. Es un símbolo sagrado que encarna la eternidad, la estabilidad, la sabiduría, el refugio espiritual y la interconexión entre lo divino y lo terrenal. Su presencia en diversas escrituras y tradiciones refleja su profundo significado en la cosmovisión hindú.
Su imagen evoca la idea de un refugio seguro y estable. Es un símbolo de la capacidad de lo pequeño para contener lo grande, como la semilla que da origen a un árbol inmenso. El árbol de Banyan es, en esencia, un recordatorio constante de la naturaleza cíclica de la vida y la búsqueda de la liberación espiritual.
EL ÁRBOL ISLÁMICO DE LA FELICIDAD
La Tubá

En el Islam, el concepto de un árbol que brinda felicidad se manifiesta en el árbol Tubà, un árbol celestial cuyas ramas recitan el Corán y da frutos divinos, representando la vida espiritual y el conocimiento divino. Otra figura es el árbol bueno mencionado en el Corán (y el árbol Hom), que simboliza al creyente por su durabilidad y sus frutos, y que también representa la conexión entre lo terrenal y lo divino, y el crecimiento espiritual.
La Tubá es un árbol sagrado primordial. Una detallada descripción de este árbol celestial se hace en el siguiente poema atribuido al Profeta:
«Tubà es para quien me ha visto y me ha sido fiel,
y lo es también para quien me
es fiel sin haberme visto”.
En esto que le pregunta un hombre:
“Pero ¿qué es Tubà ¡oh, Enviado de Dios!?”,
respondiéndole el Profeta: “Un árbol que hay
en el Paraíso llamado Tubà,
a cuya sombra marcha el jinete durante cien años
sin lograr salir de ella.
Sus guijarros son rubíes rojos,
su tierra almizcle blanco,
su limo ámbar gris,
sus dunas alcanfor amarillo,
su tronco un berilo verde,
sus ramas brocado de seda
fina y seda gruesa recamada en oro,
sus flores prados dorados,
sus hojas frescas y verdes, su barro mantos de oro,
su resina jengibre,
sus ramas azafrán,
las cortezas arden sin leña.
De su raíz fluyen los ríos
al Salsabil, al Ma’in y al Rahiq
y a su sombra se halla la asamblea
y el lugar de reunión de la gente del Paraíso.
Kitāb waf al Firdaws
(Libro de la descripción del Paraíso)
Se trata del árbol sagrado de la eterna felicidad, que forma parte central en el paraíso soñado por los musulmanes. No se trata de un árbol que une las tres dimensiones de la realidad: inframundo, mundo terráqueo y supramundo o Cielo, como en el caso de otros árboles sagrados.
Es un árbol meramente celestial, que forma parte importante del Paraíso musulmán en la vida del Más Allá, reservada para los seguidores de Alá. En ese Paraíso abundan los árboles, los ríos, el agua, las flores, los frutos y todo aquello que más desea el creyente musulmán en la otra vida y que no tiene en ésta.
Son muchos los textos del Corán que hacen referencia a ese mundo feliz. Uno de ellos dice así:
“No oirán allí frivolidades, ni reproches de pecado, / sino sólo la palabra ¡Paz! ¡Paz! / Y los bienaventurados se alojarán allí entre azufaifos cargados de fruta / y acacias en flor, / y una extensa umbría, / y aguas que brotan, / y fruta en abundancia que no se agotará, ni será difícil de alcanzar”. (Corán, sura 56, aleyas 25-33)
Este árbol cumple, como muchos otros la función de un axis mundi o eje que une los distintos niveles del Paraíso musulmán. Según el Corán, tiene siete niveles, que van de menor a mayor categoría. En el más elevado morarán los profetas, los mártires y la gente más fiel a la fe musulmana.

Paraíso musulmán con sus distintos niveles.
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En esta visión islámica del árbol Tubá y del Paraíso destaca la importancia que se da al agua, los ríos, los árboles frondosos con llamativas hojas y flores; perfumes, coloridos, y. sobre todo, su fresca y amplia sombra.
¿Será porque el islam nació en un país desértico (Arabia Saudí), donde el sol y el calor condicionan la forma de vida? Los árboles frondosos que dan sombre y frescor son muy apetecidos, lo mismo que el agua, que suele escasear, y los ríos que no abundan. Posteriormente se extendió por países donde abundan las tierras desérticas como norte de África, Palestina, Siria, Irak, Irán, Pakistán, Afganistán, etc.
Según sea la tierra en la que vives, así son las cosas que te faltan para vivir y que aspiras a tener. Uno aspira a alcanzar lo que desea y no tiene, aunque no sea imprescindible para vivir, pero ayuda a la felicidad.
ISHED
Árbol sagrado egipcio

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En la cultura egipcia hay varios árboles sagrados. Entre ellos destaca el Ished, asociado con el dios Ra y situado en su principal lugar de culto: la ciudad de Heliópolis. En el mito se dice que los dioses escribían los nombres de los faraones en sus hojas para garantizar su reinado. Entre sus atribuciones simbólicas esta la vida eterna, el renacimiento del faraón, el ciclo de la vida y la muerte, el ciclo solar e incluso la creación.
Como sucede con otros árboles sagrados, destaca su relación con la Divinidad. Un gran gato los protegía contra la serpiente Apofis, dios del mal, que busca romper y reducir al caos el orden y el equilibrio cósmico, sostenido por el dios supremo Ra. Se le identifica con el árbol Persea, de hoja perenne y con frutos comestibles.
YGGDRASIL
Árbol sagrado de los pueblos nórdicos

Se trata de un gran fresno, madera muy dura y pesada. Como en otros muchos casos de árboles sagrados, se toma como el eje cósmico, que conecta, en este caso, nueve mundos diferentes del Universo.
Es símbolo del círculo vida, muerte y renacimiento. También como en otros casos, tiene su propio guardián, el dios Heimdall, que lo protege del dios del mal (diablo) NIDHOGG y los dioses del mal que representa, así como de los gusanos que pretenden comerse sus raíces.
Bajo su sombra viven las diosas que marcan el destino de todos los seres, incluso el de los dioses. Hay tres principales: una representa el pasado, otra el presente y una tercera el futuro. Cerca del árbol está la fuente Urd. De ella extraen agua para regar el fresno de manera que se mantenga siempre vivo y frondoso.
El arco iris sobre el árbol hace de puente por el que los dioses bajan y suben para comunicarse con los hombres. Su nombre hace referencia al Dios Odín, el dios supremo de los vikingos.
Dentro de este mito del árbol Iggdrasil está la figura de Nidhogg, el dios del mal y la destrucción. Tiene cola de serpiente y cabeza de dragón. Su actividad provocar el progreso hacia el Ragnarök o fin del mundo en el que se libra una feroz batalla entre el bien y el mal. Es parecido a la Lucha Final del Apocalipsis cristiano.
El viejo mundo se destruye y renace uno nuevo. Como en la mitología hindú, se destruye una era y renace otra nueva. Se trata, por tanto, de una visión cíclica del tiempo.
Este dragón-serpiente vive enroscado en una raíz del árbol Iggdrasil, intentando roerla. Su objetivo es destruir este árbol y provocar el fin del mundo en el que también se destruyen muchos de los dioses de este panteón.
Como se puede observar, en el mito de este árbol sagrado está presente la imagen de la serpiente como representante del mal, igual que en el mito bíblico. Todo lo contrario de lo que significa el Dragón-serpiente de la tradición china.
EL ÁRBOL DE LA VIDA
EN
LA BIBLIA

Plantó Dios un jardín en Edén, al Oriente, y allí puso al hombre a quien formara. Hizo brotar en él de la tierra toda clase de árboles hermosos a la vista y sabrosos al paladar, y en el medio del jardín el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. (Gn. 2,8s).
El texto refleja la importancia del árbol en medio de su Creación. Pudo haber escogido una roca o un animal o cualquier otra planta, para comunicar el contenido del mito. Pero no, escogió el árbol.
Hay que tener en cuenta que el mito tiene su origen en un entorno geográfico y en un tiempo en los que los árboles y sus frutos eran fundamentales para la vida de los que vivían en ese entorno: Egipto, Canaán, Siria, Irak, etc.
“Salía del Edén un río que regaba el jardín y de allí se partía en cuatro brazos. El primero se llamaba Pisón… el segundo se llamaba Guijón… el tercero Tigris… el cuarto Éufrates.” (Génesis (2, 8 a 14).
En muchos de los mitos sobre el árbol sagrado están presentes las fuentes y los ríos, que alimentan la vida de esos árboles. Esto revela la importancia del agua en la vida humana. Sin ella no hay vida. Y es especialmente importante en las tradiciones ligadas a un medio escaso en ella, como las regiones áridas o desérticas.
El Árbol de la Vida en la Biblia también se le podría llamar “El Árbol de la Inmortalidad” o “El árbol de la Vida Eterna”. Antes de que Adam y Eva cometieran su pecado, ya eran inmortales. No necesitaban comer de este árbol para serlo.
Parece que Dios lo plantó en previsión del pecado y como para dejar una puerta abierta, para que el hombre recuperara de alguna manera la inmortalidad perdida.
«Si el hombre es ya como uno de nosotros, versado en el bien y el mal, ahora sólo le falta echar manos del árbol de la vida, coger, comer y vivir para siempre». (Gen. 3, 22).
Este árbol de la inmortalidad parece ser una manera de decirle al hombre que la inmortalidad o una vida eterna de felicidad, a pesar de su pecado, todavía está a su alcance. De hecho, en el Apocalipsis simboliza la Nueva Jerusalén que promete sanidad y vida eterna a las naciones.
En medio de la plaza y en los márgenes del río crece el Árbol de la Vida, que da fruto doce veces: cada mes una cosecha, y sus hojas son medicinales para las naciones. No habrá allí nada maldito. (Ap. 22, 2)
El hecho de que el Creador ya hubiera plantado este árbol antes de crear al hombre y antes de que cometiera su pecado da a entender de que ya tenía previsto éste.
Aquí se deja planteado uno de los problemas teológicos que más hizo pensar y discutir a los teólogos cristianos: ¿Si Dios ya previno el pecado, para qué creó al hombre, lo mismo que sucede con el Diablo? ¿Si Dios sabía de antemano que el hombre iba a pecar, en qué queda la libertad de éste? Se trata del intrincado problema de la predestinación. Una especie de aporía teológica.
EL ÁRBOL DEL CONOCIMIENTO
DEL BIEN Y DEL MAL

Con el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal Dios quiso hacer consciente al ser humano de que es un ser libre y de que puede usar su libertad para el bien o para el mal. Le dio la libertad y la conciencia moral. De otra manera, lo hizo responsable de sus actos y de que la mala conducta tiene sus consecuencias.
Adam y Eva perdieron la inmortalidad con la que habían sido creados y son sometidos al temible hecho de la muerte. La muerte no es natural. Es un castigo divino. Con ella, Dios cambió su proyecto original. Y todo, por respetar el don de la libertad concedida al ser humano. Pudo haber impedido la desobediencia de este hombre original. Sin embargo, no lo hizo.
Este hecho puede explicar por qué dios no impide tantos actos malos como las guerras, los crímenes y tantos otros en los que mueren tantos inocentes.
En el mito se echa la culpa al engaño del Diablo. Sin embargo, ese supuesto engaño no anuló la responsabilidad de nuestros primeros padres y tampoco, por tanto, el castigo que recibieron.
Aquí ya se planteó el problema del mal, que tanta tinta hizo correr y lo sigue haciendo a teólogos y filósofos en las distintas culturas y religiones.
En este mito, el mal tiene dos responsables: el Diablo, porque engaña promoviendo el mal, que es la misión que se le atribuye; y el ser humano, porque es libre y dueño de sus actos. http://El problema del mal
Ya explico en otros artículos las enormes consecuencias que este mito con su Árbol del conocimiento del Bien y del Mal ha tenido en toda la teología judía, cristiana y musulmana.
En la Iglesia católica, dependen de él dogmas tan fundamentales como el de la Santísima Trinidad o el de la Inmaculada concepción.
EL ÁRBOL SAGRADO DE
LOS TUEREG
EL TENERÉ

El Teneré fue el árbol sagrado de las Tuareg,
solitario en 400 klm. a la redonda.
Fue destruido por un camionero borracho.
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Se mantenía vivo gracias a que sus raíces alcanzaban la capa freática a entre 33 y 36 m. de profundidad.
Las caravanas Tuareg que cruzaban el desierto del Sáhara, para comerciar con la sal de Bilma, veneraban al árbol de Teneré. El único árbol que encontraban en su travesía de más de quinientos quilómetros se había convertido en tabú.
Era un árbol sagrado, respetado por todos y uno de los pocos puntos de referencia en la uniformidad de la duna sahariana. Los camellos no podían comer de él ni los camelleros podía arrancar sus flores y ramas. Fue también un centro de ceremonias y de oración para pedir a dIOS ayuda, para cruzar sin problemas el largo desierto.
El Santuario en Niamey: En su lugar, se creó un santuario en el Museo Nacional de Níger, en Niamey, donde el árbol muerto fue instalado y donde una escultura de metal recuerda su antigua ubicación
Símbolo Moderno: El árbol se mantiene como un símbolo de la región y de la resiliencia del desierto, un vestigio de un pasado más húmedo.

Monumento al árbol sagrado TENARÉ de los Tuareg en Niamey. Nigeria
Por Holger Reineccius – Trabajo propio – «Afrikanisches Bilderbuch»
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EL ROBLE,
ÁSBOL SAGRADO MULTICULTURAL

Dicho popular: “Es fuerte como un roble”.
Fue escogido como árbol sagrado por varias culturas. Sus cualidades se prestan para ser tomado como tal.
Muy resistente a los cambios climáticos. Su raíz central que alcanza gran profundidad es parte esencial de su resiliencia. En un suelo drenado puede alcanzar hasta 25 metros en busca de la humedad. Su madera es muy densa y dura.
El diámetro de su ramaje puede alcanzar los 15 metros. Es de gran longevidad. Alguna de las especies como el Quercus robur puede superar los 1000 años en un clima que le sea favorable.
Es un árbol frondoso y de refrescante sombra.
Antonio Machado le dedica estos versos en su obra “Las encinas”:
«El roble es la guerra, el roble
dice el valor y el coraje,
rabia inmoble en su torcido ramaje;
y es más rudo que la encina,
más nervudo, más altivo y más señor».
Es un árbol que inspira grandeza, autoridad, resistencia. Como árbol sagrado es reconocido por varias tradiciones antiguas. Los griegos lo relacionan con Zeus; los romanos, con Júpiter. Para los nórdicos, es el árbol del dios Thor o “roble de Thor”. Los druidas celtas celebraban importantes ritos sagrados bajo su sombra.
Como símbolo da autoridad tenemos el ejemplo de la corona del emperador romano: llevaba una rama de roble y su bastón de mando también era de roble.
En todas estas tradiciones, el roble era como un canal de comunicación con la Divinidad, una especie de templo natural.
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EL SÁNDALO
EN LA INDIA

.El sándalo (Santalum album y otras especies del género Santalum) es un árbol hemiparásito de hoja perenne, conocido por su madera extremadamente aromática y de color amarillento, perteneciente a la familia de las santaláceas. Originario de India y el sudeste asiático, es un árbol pequeño a mediano, muy valorado por el aceite esencial extraído de su madera y raíces para perfumería, incienso y medicina.
- Naturaleza parásita: Se trata de una planta hemiparásita, lo que significa que, aunque realiza la fotosíntesis, necesita acoplar sus raíces a las de otras plantas huéspedes para obtener nutrientes y agua.
- Aroma y Valor: Es célebre por su duramen fragante. El árbol debe alcanzar una edad considerable (a menudo más de 30-40 años) para producir madera de alta calidad, lo que lo convierte en un recurso muy valioso y a menudo regulado.
- Aspecto: Puede alcanzar entre 4 y 9 metros de altura, con hojas elípticas, coriáceas y verdes, parecidas a las del laurel.
- Distribución: Nativo de zonas semiáridas de la India, pero cultivado en otras partes de Asia, Oceanía y Australia.
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CULTURAS
SIN
ARBOL SAGRADO
Existen culturas en las que su espiritualidad no se centra en un árbol, sino en otro elemento de la Naturaleza: puede ser un río (Amazonía), un monte, una roca, una fuente, etc.
LOS INUITS
Se trata de aquellos pueblos en cuyo entorno geográfico no existen grandes árboles como es el caso de los esquimales inuits. En Alaska, en el norte de Canadá, Groenlandia o en la tundra siberiana no existen árboles significativos como para ser tomados como un símbolo sagrado de su visión del mundo.
Su espiritualidad se dirige hacia otros elementos de la Naturaleza: montañas, rocas o el espíritu de los animales, que son claves para su subsistencia: las focas y las ballenas.
CONCLUSIÓN
Si quieres conocer un resumen del pensamiento ancestral de una cultura, busca su árbol sagrado y analiza el simbolismo que contiene.
Actualmente, ellos árboles sagrados de tiempos pasados ya no se toman como tales en el marco de influencia internacional del cristianismo y el marxismo principalmente. Dentro del espacio de estas dos religiones, el proceso de secularización se ha ido imponiendo. No obstante, siguen teniendo un gran interés antropológico para conocer otras culturas, ya sea porque aún lo conservan vivo o porque son especialmente representativos de una manera de creer y pensar en el pasado.